Hay que ir a Nuremberg

Recorrí una gran cantidad de ciudades alemanas el año pasado y es porque Alemania me resulta un destino super interesante, muy rico en historia y con una cultura inagotable. Sin embargo, Nuremberg es la ciudad que me encantó que no me guste, y por lo cual este post no se llama “Ni se gasten en ir a Nuremberg”.

Ubicada en el Estado de Baviera, es la segunda ciudad más grande de la región después de Munich, la cual recordarán de este post y este otro.

Está situada a orillas del Río Pegnitz, el cual nadie conoce, aunque he de decir que aporta unas muy bellas vistas, y puedo definirla en pocas palabras como una ciudad amurallada de estilo Medieval reconstruida en un 90% después de la Segunda Guerra.

Acá vale aclarar que Nuremberg es la cuna del nazismo y ciudad amada por el Führer, así que los alidos realmente se ensañaron con todo lo que había en pie hasta reducirla a un corralón de materiales. No exagero.

Todo lo que hay que ver está dentro de las murallas, dicen…pero no.

Adonde vamos?

Primero al Castillo de Kaiserburg

Es un castillo Imperial que data del año 1000 y su importancia era más territorial y estratégica que otra cosa.

Se puede recorrer y está convertido en museo, cosa que me resta porque los castillos son castillos y quiero verlos como tal, para lo otro existen los museos.

Interesante es visitar la Torre desde donde se tiene una buena vista panorámica de toda la ciudad y hay unas fotos de las vistas que estás viendo desde todos los ángulos de antes de la reconstrucción, entonces ves lo que ves y ves lo que era. Eso sí que me pareció bien pensado.

La Iglesia de San Lorenzo

La iglesia es una típica Gótica con su altas torres de las cuales vimos muchas pero esta es la más famosa de Nuremberg.

En su interior hay algo de arte menor y lo que conmueve es lo mismo de antes, tiene fotos de cómo quedó después de los bombardeos y no se puede creer la saña con al que le dieron.

Plaza del Mercado

Es lindita. Está en pleno centro de Nuremberg y tiene un mercado muy pintoresco, en verdad toda esa zona lo es en cierta manera.

Se puede comprar lo que se compra en un mercado y un wurst baratito para seguir camino.

Me gustó la composición de los puestos mezclados entre la arquitectura local.

Casa de Alberto Durero

Ofrecen visitas guiadas a la casa. En mi opinión es irrelevante, para conocer a Durero hay que ver sus obras que son maravillosas y que están en los museos del mundo.

Centro de Documentación Nazi

Tiene una buena colección llamada Fascinación y Terror, no hay mucho que aclarar. Nazismo en la vidriera. Para ver eso hay una mejor colección en el Imperial War Museum de Londres en donde literalmente me bajó la presión, no les miento.

Hospital del Espíritu Santo

Es un lindo edificio sobre el río que te da unas fotos hermosas. No se puede visitar porque es actualmente una residencia de ancianos.

Esa casita tan bonita e iluminada era el Hospital

Memorial de los Juicios de Núremberg

No está dentro de las murallas, se puede ir en auto o bus o caminando si hay muchas ganas.

Es el famoso lugar en donde se llevaron a cabo los juicios a los jerarcas nazis después de la guerra y lo hemos visto en todos los documentales del planeta.

Lo bueno es que se puede visitar la sala exacta donde se desarrollaron los juicios y se conserva igual.

Lo malo es que tiene unos horarios bastante restringidos y me quedé sin verla, la anécdota la conté acá.

Además de contarles en qué podemos usar nuestro tiempo quiero contarles algo que me conmovió un poco y que es la gente, la gente en Nuremberg parece triste.

Muy en contrario a ciudades como Berlín o Munich, en donde además podemos alegar una graduación de cerveza que anima los corazones, en Nuremberg la gente parece culposa, triste, desanimada, como si su propia historia no les permitiera verse felices, o si no pudieran festejar nada. Lo digo desde mi propio punto de vista “impresionista”.

No digo que sean personas tristes, pero lo parecen. Es bastante llamativo.

Bien, hasta acá entre lo que no me pareció del todo interesante salvo por lo pintoresco, lo que no vi y lo que no es original porque está hecho de nuevo después de que lo hicieron papilla y la cara de infelicidad de la gente, uno puede decir que podríamos no conocer Nuremberg y seguir de largo.

Pero no.

Apenas a 6 km del casco urbano está lo que es para mi la razón por la cual hay vale la pena ir a Nuremberg, nunca olvidarse de que esto existió y cambiar la cara de vinagre por una que valga la pena: El Zeppelinfield

Zeppelinfeld

El Campo Zeppelin es un complejo de estructuras construidas en 1923 para realizar las pruebas de los famosos Zepelines, pero no fue eso solo lo que la da su fama.

10 años después, en 1933,  Hitler declara a Núremberg “Ciudad de los Congresos Partidarios del Tercer Reich”, y a partir de entonces cada año se reunían durante una semana alrededor de 500 mil nazis provenientes de todo el Reich, y los actos partidarios se hacían en este Campo.

Un año más tarde se construye la tan tristemente famosa Tribuna Zeppelin y queda completa la foto: el campo, las tribunas, la esvástica y 500 mil nazis enardecidos.

En 1945 Nuremberg es bombardeada casi por completo, sin embargo el complejo de Zeppelín sobrevivió prácticamente intacto.

En el año 2000 se inauguró el Centro de Documentación del cual ya les comenté.

Esa es la historia más o menos linear, ahora lo que pasa por dentro cuando uno se encuentra parado allí, frente a ese campo inmenso, el mismo campo nefasto que conocemos de los libros y los documentales, es otra cosa.

Es imposible pararse allí y no imaginar las tribunas llenas, los gritos de la efervescencia nazi, el Führer proclamando su deplorable discurso ante miles y miles hasta donde te da la vista.

Mientras caminaba me miraba los pies con la consciencia de saber que era el mismo suelo, las mismas piedras y cada uno de los escalones de esa Tribuna que ahora está en silencio y llena de fantasmas.

Acá no hay inmunidad al pasado, tantos años después y a tantas dimensiones de distancia y todavía se siente. Y uno es tan chiquito y pensás que ellos eran tantos, y sin embargo uno se sabe el vencedor de una guerra que siente propia, porque uno está acá para contar la historia y ellos ya no pueden gritar más.

Son fantasmas, y ya no tienen nada que decir.

Gimena

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  • Muchos somos, en cierta medida, descendientes de los que vivieron y sobrevivieron a ese delirio. ¿Cuántos de los que en su momento pisaron enfervorizados esas gradas sobrevivieron para contarlo? Cuánto fanatismo al pedo.

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