Esquiar por primera vez

Si en tu vida te has puesto un par de esquíes y estás pensando en hacerlo, este es el post que debes leer. Si, por el contrario, ya has esquiado, pero quieres divertirte un rato con el relato de mi experiencia en la dura tarea de batallar en la montaña con un par de esquíes y un montón de otras cosas, también este post es para ti.

Sucedió que durante toda mi vida, y porque tengo una fama bien ganada de ser algo torpe, he tratado de esquivar la situación de tener que ponerme un par de esquíes y arriesgar pies, piernas y cabeza en un seguro golpe que todos sabemos que, más temprano que tarde, me iba a pegar. Y es necesario aclarar que no importa cuántos años lleves arriba de los esquíes, el porrazo está al acecho en todo momento.

Esta vez se trató de un viaje de trabajo a Ushuaia en agosto de 2022, y como parte de la organización del viaje, mal podría evitar hacer la principal actividad programada para el grupo, de modo que ya no pude hacerme la distraída y quedarme mirando muchachos en la confitería de base del cerro, esta vez tenía que enfrentarme a mis monstruos de hielo y nieve y ponerle la mayor onda posible. Y vale también el detalle no menor: odio el frío.

Los preparativos fueron bastante simples. Por un lado pedí toda la ropa prestada, toda en serio, y aquello que no pude conseguir prestado lo alquilé. No tengo ropa de tanto frío, ni me gusta ni gastaría plata en ello. De hecho hice bromas al respecto durante todo el viaje, que si me quitaban lo prestado y lo alquilado quedaba en ropa interior, y eso sin contar con las medias que también eran prestadas.

Así que a tener en cuenta, primeramente saber que la ropa que tienes de calle no sirve para la nieve, ni lo que crees que te pueda servir, como guantes, gorro y bufanda sirven de nada, tienen que ser guantes de nieve, casco y cuello térmico. 

Un compañero de trabajo que suele esquiar, y sin ánimos de asustarme, por el contrario, queriendo entusiasmarme con la idea de la nieve, me dijo: “Suelen hacer entre 9 y 15 grados bajo cero en el Cerro”. Perdón!!!!

Quiero que sepan que no conozco esa temperatura más allá del freezer de mi casa, del cual saco la mano rapidito para que no se me congelen los dedos.

Pero como me dijo una cosa me dijo otra, me enseñó a vestirme de adentro hacia afuera. Tomar nota: medias térmicas no muy gruesas y solo un par, nunca un par encima del otro, calza térmica, camiseta térmica, pantalón de esquí, sweater finito o remera de manga larga, chaleco de nieve, campera de nieve, cuello y gorro térmico, que se cambia por un casco en la montaña. Resultado: No tenés frío. Tampoco te podés mover mucho, pero vamos a ponerle voluntad al asunto.

Por otro lado está la preparación física. Me río de solo acordarme de mi estúpida presunción.

Entreno 4 o 5 veces por semana, tengo bastante fuerza y resistencia. No tengo lesiones ni condiciones que me impidan hacer nada, de modo que pensé que alguna batalla tenía medio ganada. Pues no mi vidita! Puedes ser la Mujer Maravilla que si no tienes incorporada la técnica para deslizarte sobre esquíes te va a doler hasta el pelo y te vas a llevar unos cuántos moretones de souvenir.

Llegamos al bellísimo Cerro Castor y fuimos a por nuestras botas y esquíes. Las botas son una tortura a la que te acostumbras al tercer día pues ni el taco aguja de 12 cms te prepara para eso. Los esquíes son más pesados de lo que esperaba y adivinen qué? son filosos, así que cuidado con los cantos porque cortan, sobre todo cuidado con no pasar con ese filo cerca de la cabeza de nadie. 

La aerosilla merece un capítulo aparte. Al ser principiante no subí a la aerosilla con los esquíes puestos, se los dí a los muchachos que te ayudan a subir y bajar (yo no me bajaba, me arrojaba en sus brazos) para que los mandaran ellos. Yo bastante tenía con llevar mi alma. 

Primer golpe, y en honor a la verdad el peor que me di en todo el viaje, me lo dio la aerosilla en la pantorrilla cuando me senté. Malísimo! Me dejó un moretón del tamaño de un plato de postre. Lo bueno es que como hace frío te duele solo un ratito y no se inflama. El tip que me dieron y me sirvió para los siguientes días es mirar la silla cuando viene y así poder calcular sentarse antes de que la silla te golpee.

El ascenso es tan lindo como aterrador, levantas la vista y te sientes Leo Di Caprio gritando “I´m the King of th World”, bajas la vista y te preguntas quién demonios te mandó a estar ahí.

10 Lecciones de una principiante

Lección 1, ponerse los esquíes sin que se te escapen y sin caerte. Aprobado!

Lección 2, caminar con esquíes sin caerte. Aprobado con 4. No me caí, pero tampoco caminé.

Lección 3, hacer el movimiento para formar la cuña. Las rodillas te mandan un beso grande.

Lección 4, deslizarte muy suavemente y frenar. Aprobado!

Lección 5, esquivar a los idiotas. A marzo. Segundo golpe, un señor que no frenó y me llevó puesta. Todos al piso, otro moretón de colección.

Lección 6, levantarse del piso. Llamen a la grúa! Mis cuádriceps tan bien entrenados no sirven para nada en absoluto.

Lección 7, ya podés deslizarte, eso no es esquiar, así que no te hagas la canchera y tomes velocidad porque no sabés frenar! Tercer golpe.

Lección 8, no usar los palos para frenar, no sirven de nada.

Lección 9, la pista puede ser verde, pero el poma es negro. No hay nada peor que el poma.

Lección 10, Esa última bajadita no hay que hacerla, estás muy cansado y es en donde la mayoría se rompe. Hice caso. Aprobada!

En resúmen, después de 3 días aprendiendo a esquiar puedo decir que salí sin romperme nada, solo con unos magullones menores, pero contenta porque me animé a intentarlo y me resultó muy divertido. 

Puedo entender a los que son muy fanáticos del esquí porque es una actividad muy emocionante, sobre todo si uno sabe hacerlo bien, y una de las cosas más lindas que tiene es poder compartirla, sea en familia, amigos o compañeros, lo más lindo son las anécdotas que se ganan y que quedan para siempre. 

Fin del Mundo. Ushuaia . Argentina
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