Cena en Zürich – La Torre de Babel

Zurich

Zurich de noche

La verdad que estuve en Zürich 3 noches, no mucho pero no conocía Suiza y estábamos a un tren cortito y allá fuimos.

Nos esperaba un muy buen amigo que vive allá hace tiempo y después de ponernos al día fuimos a pasear por el centro y a cenar algo, sin ningún dato más que “donde nos gusta nos sentamos”.

Nos sentamos en un restaurantito Italiano llamado Vallocaia, sobre la Niederdorfstrasse.

VALLOCAIASuiza tiene muy buena gastronomía en líneas generales, es difícil pifiar mucho, así que la elección no fue difícil.

Nos estábamos acomodando en los asientos y escuchamos a uno de los mozos bromeando en voz bastante alta con una de las mesas en Italiano y pensamos “Uh qué personaje”.

En Suiza se hablan 4 idiomas oficialmente: alemán, francés, italiano y  retorrománico, también franco-provenzal pero no oficialmente. En Zürich se habla alemán.

El mozo se acercó y encaró en Italiano, por supuesto nosotros sabemos de italiano lo que todo argentino sabe, o sea, 10 palabras, el resto lo inventamos y si escuchamos se entiende.

El mozo al ver nuestras caras de “De qué estás hablando?” nos preguntó de dónde éramos y nos contó que él era de Kosovo, que había venido refugiado de la guerra de Yugoslavia.

Mi amigo habla francés e inglés, yo también y además portugués, Fabio habla inglés y sabe saludar en todo los demás idiomas conocidos. Alemán ninguno. El mozo hablaba Italiano bastante bien ,su idioma materno podía ser Albanés o Serbio, quién sabe, y también chapuceaba alguito de inglés, pero resultó ser tan histriónico y divertido con sus intentos de comunicarse y contarnos la historia de su vida que nos empezamos a tentar de la risa mal.

Era la Torre de Babel en versión cine independiente..

La cena transcurrió entre los platos, que dicho sea de paso estaban muy buenos, y el mozo yendo y viniendo para contarnos algo más en una mezcla de idiomas que hoy no podría recordar.

El tema es que terminamos matándonos de risa escandalosamente al punto que nos miraban todos, los otros mozos, las otras mesas y la gente que pasaba. En un momento se sumó otro mozo a hacer bromas y terminamos descostillados de risa y sacándonos fotos con ellos.

Qué caruchas!

Qué caruchas!

La verdad no sé qué entendieron de nosotros y poco me acuerdo de lo que entendí que me contaron, pero  me reí como hacía mucho que no me reía y me regalaron una noche memorable, tanto que cargo en mi billetera de recuerdo la tarjeta del lugar.

Estas cosas pasan estando de viaje, y son buenísimas.

Volveré!

Por supuesto recomiendo el lugar

Web de Vallocaia

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